Analfabetos emocionales


Sara se enamoró de un alexitímico a los 33 años. Carlos, con sus 38 años, era un alto cargo directivo, “tal vez demasiado serio y poco hablador, eso sí, pero guapísimo, un tío cañón y todavía sin pillar”, como exclamaban todas las compañeras. “Algo oculto debía de tener”, se decía Sara.
ELPAIS.com – Salud




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