El mobiliario vintage está compuesto por piezas producidas en serie, ciudadanas de pleno derecho de la era de la reproducción técnica. No hay piezas únicas. Esta es la verdadera linde entre el anticuariado y el vintage. Son, además, objetos de segunda mano. Su pasado les confiere misterio. El hecho de haber sido usados y luego desechados y olvidados, a la espera de quien sepa apreciar su valor y reanimarlos, los personaliza y les proporciona un contenido emotivo. Eso es común también a las antigüedades y a las obras de arte, pero el valor de una pieza vintage no procede de su singularidad, sino de su autenticidad, de la posibilidad de datarla y establecer su origen con certeza y reconocer su calidad. Vale más una pieza modesta, pero genuina, que una copia fraudulenta por añeja que sea.
















