Cuesta creer que una película diseñada para gustar y contentar (actores conocidos, buenas intenciones y optimismo para parar un tren) tenga tan poca chispa. No era ‘Historias de San Valentín’ (2010), filme del que repite fórmula sin pudor, un dechado de originalidad, emoción y diversión. Lejos estaba de la efectiva ‘Love actually’ (2003), emblemática comedia coral (ojo, con alguna escena realmente buena) a la que quería parecerse. Pero alguna de las historias que se cruzaban en ella tenía encanto, la puesta en escena era correcta, había cierta química entre los actores y el almíbar empalagaba (empalagaba mucho, de hecho) pero no parecía ser un objetivo en sí mismo.
Dirigida como aquélla por Garry Marshall, ‘Noche de fin de año’ hace buena ‘Historias de San Valentín’, que ya es decir. Repiten productores, director, guionista y algunos actores, pero esta vez le han puesto menos ganas y la sensación general es de película improvisada, hecha con prisas y sin intención de darle un achuchón, por tímido que sea, a la comedia romántica comercial. Tiene, como su antecesora, la idea vulgar pero encantadora de convertir una ciudad en personaje (allí era Los Ángeles, aquí es una Nueva York de postal). Uno de los pocos encantos de un filme que cruza historias previsibles y sin alma, poblado de personajes sin carisma y donde las emociones son tan de manual que brotan frías y no conmueven.




