Son tan disciplinados que acuden a la cita vestidos de azul oscuro casi negro. Así se titulaba la primera película de Daniel Sánchez Arévalo, y en este encuentro parece que la cosa va de fetiches. Aquel color le valió a Sánchez Arévalo tres premios Goya, incluido el de mejor director novel, pero los tonos oscuros no fueron los únicos talismanes con los que contaba en su haber el cineasta madrileño en 2006. Ese es el curioso motivo por el que Sánchez Arévalo viene hoy acompañado por su padre.

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