Dinero fácil


El estreno de Dinero fácil en nuestras pantallas responde, una vez más, al fenómeno de la novela negra escandinava. Jens Lapidus, en su libro, pinta un cuadro poco halagüeño de la sociedad sueca explorando la podredumbre del submundo criminal, pero la fauna convocada es extrapolable a otros tiempos y otros ámbitos: mafiosos, narcotraficantes, presidiarios, toxicómanos, delincuentes de medio pelo o de pelo entero… La atención se centra en tres de ellos, tres historias individuales (uno tiene una hermana encinta, otro se echa novia de clase alta/refinada, el tercero anda por ahí con una hija de corta edad que lo ve todo: armas, tiros, dinero sucio…) que se enlazan en el asunto central.

El nihilismo y la misantropía campan a sus anchas y extienden su brazo cosmopolita, no en vano aquí se habla en sueco tanto como en español, inglés, alemán y serbio, como queriendo decir que el mal no entiende de fronteras.





Con este material, Don Siegel o Robert Aldrich habrían hecho un thriller seco y sintético, particularmente ácido el segundo. Es fácil imaginar cómo lo hubiera ilustrado Guy Ritchie. Espinosa se queda un tanto en tierra de nadie con una realización nerviosa, funcional, rugosa, aunque le falta esa fuerza de los que ruedan (Tarantino) o rodaban (Fuller) con las tripas fuera.

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Fotogramas: Críticas




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