Una dulce mentira confirma el privilegio que el cine francés concede a sus actrices maduras como ya pasó hace semanas en el estreno de Potiche de Catherine Deneuve. “Tenemos la suerte de seguir haciendo papeles de mujeres que se enamoran. Porque como en la vida, el amor no se acaba a los 40″, dice Nathalie Baye (Mainneville, Francia, 1948) en la presentación del filme de Pierre Salvadori en Madrid. Al contrario de lo que, en su opinión, sucede en Estados Unidos. “Recuerdo cuando Meryl Streep me llamaba desesperada porque no recibía guiones”, cuenta. “El cine estadounidense puede ser muy cruel para los actores. Parece que solo se hacen películas de dibujos animados o aquellas donde priman los efectos especiales. ¿Qué pasa, solo va a quedar el cine virtual?”.
















