Resultaría muy sencillo, aunque algo erróneo, etiquetar a esta comedia verbenera como un Resacón australiano-británico. Sí, hay una boda, una víspera de ceremonia marcada por los excesos politóxicos, y un buen/mal gusto por el chiste escatológico. No obstante,ni Todd Phillips inventó la fórmula, ni Stephan Elliott se limita a copiar descaradamente el novísimo estilo USA, ciñéndose más a un maridaje impecable entre el vodevil británico picaruelo y la bobada excéntrica aussie. De este tronchante modo conviven en el film los juegos de entradas y salidas, los streakings a destiempo y la mecánica de destrucción en formato panorámico, con personajes caricaturescos, paisajes aborígenes y humor todavía más aborigen. Reunión de invitados, confusiones y situaciones no por predecibles menos efectivas, halla lo mejor de todo en su trío de amiguetes protagonistas, agentes y sufridores de un caos que por fuerza te ha de caer bien. No era para menos viendo cómo convierten al mítico burro de Despedida de soltero (Neal Israel, 1984) en un carnero, auténtico robaescenas de esta dicharachera función.

















