El despacho de Juan Marsé está lleno de memoria. No podía ser de otra manera. El escritor, recreador en su obra de la memoria personal y colectiva de una ciudad y de una época, es dueño de un universo estético determinante en la literatura española del siglo XX. Entre libros, fotografías de estrellas del cine de los años cincuenta, de escritores como Camus y Stevenson, y de familiares, salta a la vista un retrato de Fred Aguilar. En él aparece sentado, con las piernas cruzadas y muy atractivo, el poeta Jaime Gil de Biedma. Juan Marsé, mientras dibuja una sonrisa contagiosa, explica: “Lo heredó Josep Madern y me lo regaló poco antes de morir. Cuando Jaime miraba este retrato solía decir, no me parezco, pero dentro de veinte años, me pareceré”

