Paolo Simoncelli pidió ruido. Mucho ruido para despedir a su hijo Marco, pues él hubiera querido que todos le recordaran como lo hace su gran amigo Valentino, que confiesa que cada vez que se acuerda de Sic, como él le llamaba, se le escapa una sonrisa, tan divertido era el colega desaparecido. Pero los cielos vistieron el día como los ánimos de los presentes, no asomó el sol, sopló el viento y cayeron unas gotas de lluvia. Hubo ruido, sí. Pero la atmósfera, triste, pesaba más esta mañana de domingo en el circuito valenciano Ricardo Tormo.

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