Las diez plagas que desató la caída de Lehman Brothers


La economía mundial no supo corregir sus excesos a tiempo y, por ello, está sufriendo su propio calvario. Mañana se cumplen tres años de la caída de Lehman Brothers, una fecha que marca el estallido de la crisis y cuyas consecuencias siguen presentes en las economías de todo el mundo.

Y es que el desplome del gigante financiero de inversión americano desató diez plagas, repitiendo la historia que la Biblia cuenta sobre Egipto:

1. Un río de sangre recorre el sistema financiero. La primera plaga que llegó a Egipto fue la de convertir las aguas del Nilo en sangre y no está muy lejos de la que ha vivido el sistema financiero internacional en los últimos tres años.

La caída de Lehman extendió el pánico por el sector y llevó a muchos gigantes a pedir ayudas públicas para escapar de la bancarrota, y a otros a acabar en manos de los estados.

A ello se suma la nueva regulación del sistema financiero, que ha endurecido las medidas de capital y liquidez a todos los grandes bancos mundiales, por no hablar de las pruebas públicas de solvencia a las que han sido sometidos a ambos lados del Atlántico. 

2. Las caídas invaden las bolsas. El mercado ha vivido tres años duros. La caídas se han propagado por todos los indicadores, igual que lo hicieron las ranas en Egipto en la segunda plaga.

De hecho, el desplome de Lehman marcó un antes y un después en la evolución del mercado internacional, que hoy en día está muy por debajo de los niveles a los que cotizaba entonces. El indicador europeo Eurostoxx 50, por ejemplo, que es la referencia en el Viejo Continentese, ha desplomado un 37,8% desde septiembre de 2008.

3. La picadura de los mosquitos pincha la burbuja inmobiliaria. Según la Biblia, la plaga de mosquitos siguió a la de las ranas, igual que el crash del sector inmobiliario se intensificó con los problemas de los bancos y las bolsas.

Países como Estados Unidos, Irlanda y España habían logrado sostener su crecimiento económico con el motor de la construcción. Sin embargo, los síntomas de decadencia que arrancaron en el verano de 2007 se intensificaron en septiembre de 2008, cuando los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac confirmaron estar al borde de la quiebra. Desde entonces, el sector mundial no termina de remontar el vuelo.

4. Las decisiones salvajes de las agencias de rating. Otra de las consecuencias que ha dejado la caída de Lehman es el poder de las agencias de rating. Y eso que no fueron capaces de adelantar el crash del banco americano. De hecho, apenas días antes de su desplome, Moody’s ratificó la máxima calificación posible a la entidad, un hecho que ha pasado de puntillas por el mercado.

Cualquier advertencia o decisión de Moody’s o sus compañeras Fitch y Standard&Poor’s, siguen siendo claves en las decisiones de compra y venta de los inversores. Y más concretamente en las de venta, ya que las decisiones de las agencias suelen cotizar a la baja en todos los mercados.

5. El frenazo económico se contagia como la peste. La crisis se propagó rápidamente por todas las economías mundiales. Las grandes potencias entraron en recesión y, aunque empezaron a levantar el vuelo hace ya dos años, el parón económico ha reaparecido.





Europa y Estados Unidos crecen a un ritmo lento, mientras que, en Japón, la riqueza se ha vuelto a contraer. Ahora el mayor o menor crecimiento mundial dependerá de las economías emergentes y, en especial, de países como Brasil, Rusia, India y China, los famosos BRIC.

6. El sarpullido del desempleo. Pero la crisis iba a provocar más epidemias. La sexta plaga de la que habla la Biblia, la de las úlceras y el sarpullido en la población, se ha repetido en forma de paro masivo en nuestros días.

Los últimos datos oficiales de la OCDE, que reúne a las principales potencias mundiales, confirma que, en julio de 2011, el número de personas desempleadas en los países miembros alcanzó los 44,5 millones, 11,4 millones más que en julio de 2008. Esto se debe a que países como Estados Unidos tiene una elevada tasa de paro (del 9,1%), aunque mucho más modesta que el 21,2% de España.

7. La desconfianza se ha marcado a fuego en el mercado. Otra de las consecuencias de Lehman Brothers ha sido la desconfianza que se ha instalado en estados, ciudadanos e inversores, algo así como el granizo de fuego y hielo en Egipto.

Este sentimiento de incertidumbre se refleja cada día en el mercado y en la presión que éste ejerce sobre países y empresas.

8. Los países tienen que ser rescatados. El calvario que desató la caída del banco americano continúa. La presión del mercado y la desconfianza han llevado al límite a varios países europeos, tanto que han necesitado ayudas económicas para evitar quebrar.

El primero fue Grecia, cuyo rescate se produjo en mayo de 2010, después llegó el de Irlanda (en noviembre de 2010) y, el siguiente ha sido Portugal (que se perfiló el pasado mes de mayo).

Y todo apunta a que la tensión va a continuar. La economía helena aún tiene asegurado salvar la bancarrota, mientras que Italia y España, tercer y cuarto país de la eurozona, están sufriendo para evitar seguir los mismos pasos de sus vecinos periféricos.

9. Tres años después, la oscuridad continúa. La Biblia cuenta que la novena plaga fue la oscuridad, que nubló Egipto durante tres días.

En nuestro caso, se ha prolongado durante tres largos años y parece que aún estamos lejos de salir del túnel: el freno económico es un hecho, igual que los problemas de los países occidentales, a lo que se suma el desconcierto que reina en las grandes bolsas mundiales.

10. Desaparecen las potencias primogénitas. La última epidemia que arrasó Egipto fue la muerte de los primogénitos, lo que, traducido a la crisis actual, implica que los todopoderosos mundiales han sentido sus efectos tanto como los demás

Al margen de la contracción económica que se produjo en 2008 y 2009, hay otros ejemplos que demuestran que algunos gigantes tienen los pies de barro. Japón, por ejemplo, ha dejado de ser la segunda potencia mundial (que ahora es China), mientras que la deuda estadounidense ha dejado de tener una matrícula de honor en su nota de solvencia.

De hecho, si algo ha dejado claro la caída de Lehman Brothers es que ningún país
es invencible.

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