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El presidente Colombiano Juan Manuel Santos ha reanudado el proceso de liberación de dos secuestrados suspendido el pasado domingo por un supuesto engaño de la guerrilla de las FARC al entregar unas coordenadas erróneas a la misión humanitaria.

En los medios de comunicación colombianos toma fuerza la idea de que la guerrilla aprovechó el cese de actividades militares durante el operativo para trasladar de lugar Alfonso Cano, máximo jefe de las Farc.

Pero la exsenadora Piedad Córdoba, autorizada por el Gobierno como mediadora ante las liberaciones, ha dicho en un comunicado que “fueron las dificultades técnicas, las que dificultaron la entrega de los uniformados”.

La misión humanitaria, conformada por los gobiernos de Colombia, Brasil y representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja, reajusta el operativo con las nuevas coordenadas que han sido entregadas este miércoles a la exsenadora Córdoba.

Mientras tanto, los analistas consideran que con el nuevo episodio las FARC buscan llamar la atención y es difícil pensar en un escenario de negociación que ponga fin al conflicto.

Para Alfredo Rangel, analista político y director de la Fundación
Seguridad y Democracia, las FARC se beneficiaron del cese de acciones militares durante el operativo de liberación y por eso no entregaron a los secuestrados como habían anunciado. “Las FARC realizaron este engaño con
premeditación”.

Rangel cree que se ha tratado de una trampa y apunta a un posible objetivo: “la reubicación de guerrilleros, reforzar la seguridad o mover a un sitio más seguro a Alfonso Cano”.

Esa versión no fue descartada por el presidente Santos, quien ha reclamado garantías de la guerrilla, igual que en España el Gobierno pide pruebas a ETA para confirmar que la tregua anunciada es real. Aunque en este caso no se habla de un fin del conflicto armado, sino de liberar rehenes.

¿Se aleja la posibilidad de la paz?

Rangel
ha dicho a lainformacion.com que las FARC buscan
“renovar su protagonismo mediático internacional disminuido por los
duros golpes militares que han recibido y por el rechazo mundial por sus
vínculos con organizaciones terroristas como ETA”, pero no ve una
negociación cercana mientras esa guerrilla continúe traficando con
droga, secuestrando y atentando contra la sociedad civil.

Ese mismo argumento emplea el presidente Santos. Asegura
que las puertas para negociar no están cerradas, pero que la guerrilla tiene que abandonar el secuestro, el narcotráfico y el terrorismo.

Desde
el fallido proceso de paz con el Gobierno del expresidente Andrés
Pastrana en 1998, las liberaciones ponen sobre
la mesa la discusión de un nuevo proceso de paz.

Las
FARC aseguran que están dispuestas al diálogo y piden un intercambio de
secuestrados por guerrilleros presos en cárceles, pero al tiempo que
liberaban al concejal Marcos Baquero en los últimos días, secuestraban a
dos trabajadores en el sur de Colombia. La exsenadora Piedad Córdoba afirma que la puesta en libertad significa la construcción de un
escenario de reconciliación.

¿Palabras, jugada política, intenciones de negociación?

La llegada de Juan Manuel Santos a la presidencia ha cambiado el discurso poco moderado de su antecesor Álvaro Uribe Vélez.





Pese a que prometió continuar con la dura política de seguridad, hasta el momento Santos ha tomado distancia de su mentor y ha dado muestras de perfilarse como un conciliador: llamó al Partido Liberal, de la oposición, a formar una coalición de Gobierno y no tiene los roces con la justicia que tuvo su antecesor. (Uribe se enfrentó a los jueces por acusaciones contra sus colaboradores y por su intención de cambiar la Constitución para poder postularse a un tercer mandato).

Además, Santos ha solucionado los problemas diplomáticos Ecuador y Venezuela.

Por otra parte, Santos ha impulsado en el Congreso dos proyectos de ley que benefician a las víctimas de la violencia.

Iván Cepeda, integrante del grupo Colombianos y Colombianas por la Paz, el cual preside Piedad Córdoba, confirma que Santos tiene una posición “con acentos distintos sobre el tema de la paz, comparado con el Gobierno de Uribe” y se muestra optimista hacia un cercano escenario de negociación.

Cepeda, también congresista del partido de oposición Polo Democrático Alternativo, ha dicho que este tema “debe abordarse sin pasiones”, una vez culmine el actual proceso de liberaciones.

¿Qué falta para acercar a las FARC y al Gobierno colombiano?

La periodista y analista colombiana María Teresa Ronderos opina que “en el clima actual de polarización sería muy difícil crear escenarios de negociación”.

Ronderos asegura que “las FARC tendrían que hacer una gran inversión de fe para ganarse el espacio de opinión. Por ejemplo, si liberan a todos los secuestrados, o empiezan a desminar campos. De resto no podrán conseguir del Gobierno un diálogo en serio, que implique eventualmente un cese al fuego”.

Pero el Gobierno también tendría que poner de su parte. El Ejecutivo debería hacer un “esfuerzo enorme” para ganar credibilidad con las FARC. Según Ronderos, “debería comprometerse a aceptar la mediación de un tercero aceptable para las FARC y asegurar que mientras se dialogue no se perseguirán a los del jefes de esa guerrilla”.

En este escenario parece fundamental el papel de la exsenadora liberal Piedad Córdoba como interlocutora ante las FARC (autorizada por el Gobierno para gestión de liberación de secuestrados, pero no como mediadora de paz). Su labor ha llevado a la libertad a varios secuestrados.

Recientemente la Procuraduría colombiana (organismo de control público) destituyó a Córdoba como senadora y la inhabilitó para ejercer cargos públicos durante 18 años por supuestos nexos con la guerrilla, decisión que ella ha calificado de “persecución política”.

“Piedad [Córdoba] se ha ganado, con gran sacrifico personal, la confianza de las FARC y el Gobierno la necesita para poder conseguir la liberación de los secuestrados”, opina Ronderos.

Aunque se ha reanudado el proceso de liberaciones, el presidente Santos ha reiterado que estos hechos “no son suficientes para restablecer la confianza y avanzar por caminos de diálogos de paz”. Y reclama de la guerrilla el cese definitivo de hostilidades y que abandone el secuestro como arma política.

Las FARC habían prometido liberar a cinco secuestrados. En el operativo han sido puestos en libertad
tres de ellos (dos concejales y un infante de marina). Cuando la
misión humanitaria llegó el domingo al lugar donde se suponía que
hallaría a los dos restantes, solo encontró a un policía, quien
no figuraba en la lista que prometieron liberar.

Ante el supuesto engaño el Gobierno suspendió el operativo, pero después de una reunión con la misión humanitaria se ha reanudado. Las nuevas coordenadas han sido entregadas a la exsenadora Córdoba para traer a la libertad a dos secuestrados del grupo de 18 uniformados que esa guerrilla propone intercambiar por un centenar de guerrilleros en prisión.
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