Lleva muletas, pero cuesta alcanzarla cuando se dirige a la escuela por las cuestas escarpadas de Petionville, en Haití.
Después del terremoto, Nouselline se despertó sola en un hospital. El estado de shock le había arrancado de cuajo la memoria. En el centro nadie sabía a quién ni dónde devolver a aquella niña de 13 años que habían encontrado bajo toneladas de escombros.
Poco a poco, mediante dibujos y otras técnicas psicosociales, la niña fue recuperando algo de memoria hasta esbozar el recuerdo de un lugar: Leogane.
Con esta pista, los efectivos de Unicef apoyados por la labor titánica de una organización especializada en reunificación familiar dieron con la madre de Nouselline. Cuando llegó al hospital le pusieron delante varias niñas pero reconoció inmediatamente a su hija: había perdido una pierna, pero era ella.
Nouselline vive ahora con un hermano y una madrina en una aldea montañosa de Puerto Príncipe. Ya tiene práctica con las muletas y todos los días sube y baja muy rápido las empinadas calles de Petionville para ir a la escuela.
La recuperación de Nouselline, y la de miles de otros niños, representa el espíritu de Haití dos años después. Pero esas muletas son el símbolo de un país que aún cojea por las cicatrices del desastre.
Los escombros, un obstáculo psicológico
Las calles son un testimonio visual del fenómeno que devastó un lugar de por sí devastado, según destacan desde Médicos Sin Fronteras. Los mercados están invadidos por una rutina que deja entrever cierta normalidad. Pero no hay una sola plaza sin desplazados, herida visible de que, pese a las pequeñas victorias, aún queda mucho por hacer.
Una de las mayores dificultades de la reconstrucción de Haití han sido los escombros. 5.000 metros cúbicos, más de la mitad, ya han sido retirados de las calles haitianas. Diana Valcárcel, coordinadora de proyectos de comunicación de UNICEF destaca la importancia de estos pequeños pasos:
“La retirada de escombros no sólo supone un avance para la circulación y el comienzo de la reconstrucción de infraestructuras dañadas, sino que psicológicamente es un paso decisivo. La gente necesita ver un escenario distinto a nivel psicológico porque ver la destrucción en cada rincón te acaba minando”.
Las organizaciones humanitarias coinciden en que otro de los elementos claves para la recuperación y el futuro de Haití es la educación. En la recuperación psicológica de Nouseville fue fundamental que volviese a la escuela.
“En este escenario, la mayor asignatura pendiente es un esfuerzo colectivo a largo plazo en pro de la educación”, comenta desde Misiones Salesianas Olga Regeira, experta en formación de jóvenes, “Para ello falta formar a muchísimos profesores. El país también tiene desgraciadamente muy pocos técnicos”.
Desde el rojo de la sangre a palomas de la paz
A través de los espacios de educación no formal creados por UNICEF y otras organizaciones, los niños aprenden por ejemplo a exteriorizar el duelo, un reto fundamental para comenzar con normalidad su futuro.
“Les pedíamos que pintaran en un dibujo la sensación del terremoto y ahí averiguábamos el grado de recuperación o de afectación de cada uno. Algunos niños pintaban todo el folio en rojo como lleno de sangre y otros en cambio dibujaban una paloma de la paz con un olivo como ya pasado todo, e incluso algunos como Brunia no podían ni siquiera dibujar nada”, comentan desde UNICEF.
Las escuelas y estos espacios amigos de la infancia también les proporcionan protección para evitar los abusos y la inseguridad de los campos de desplazados.
Hoy, 24 meses después, más de medio millón de personas aún continúan viviendo bajo carpas temporales en las que el suministro de agua y luz, por ejemplo, es completamente deficiente. “Es fundamental mejorar la condición de estos campos en los que la hacinación y la falta de luz, la oscuridad, expone a las mujeres a abusos y violaciones”, cuenta Valcárcel.
Una victoria para los niños invisibles
Una de las pequeñas victorias dentro del paso lento de la reconstrucción es precisamente la protección de la infancia. La precariedad de las instituciones haitianas antes del terremoto había creado la figura de los “niños invisibles”, inexistentes para un Estado sin registros oficiales, explican desde UNICEF.
Con el terremoto, la dificultad para identificar y reubicar a estos niños con su familia se hizo dramática exponiendo a estos niños de nadie al tráfico de las mafias y a los abusos de la desesperación en la calle. “Casi 9.000 niños han sido ya registrados públicamente y junto con la Brigada del Menor haitiana se han fortalecido fronteras y aeropuertos para evitar el tráfico”, comenta la representante de UNICEF.
Desde UNICEF también han puesto especial interés en eliminar a los “niños restavek”, menores a los que la propia familia enviaba con algún conocido para evitar el hambre y que acababan convirtiéndose en una especie esclavos para servir en la casa.
Otros frentes asoman como brotes de un nuevo Haití verde entre los escombros grises: un Gobierno más organizado comienza a tramitar el acceso a una educación gratuita de calidad -prácticamente inexistente antes y tras el terremoto-, más de 15.000 niños se han recuperado de la desnutrición que era visible en sus pellejos, la habilitación de vertederos para residuos humanos avanza contra la infección epidemiológica…
Un país que, amputado como Neuseville, empieza a avanzar con cortos pero esperanzadores pasos de muleta.
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