“Lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación”. Ésta es la definición de “guerra” de la Real Academia Española.
Pasaron 8 meses de enfrentamientos y más de 4.000 muertos para que una representante de Naciones Unidas se atreviera a emplear la palabra ‘guerra’ para referirse a la situación siria.
“Ya dije que a medida que hubiera más desertores dispuestos a tomar las armas, iba a haber una guerra civil y en estos momentos es como defino la situación”, afirmó la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, el 1 de diciembre de 2011.
Sin embargo, el secretario general del organismo, Ban Ki Moon, no ha hablado nunca de guerra. “La violencia y los asesinatos en Siria”, “violencia contra el pueblo” y “crisis siria” son algunos de los conceptos empleados por las Naciones Unidas en su lugar.
Cuestiones técnicas
¿Cometió un error la alta comisionada de Derechos Humanos al calificar el conflicto sirio como bélico? ¿O se atrevió a decir lo que otros no dicen por cuestiones diplomáticas?
“Técnicamente no existe una guerra”, afirma Félix Arteaga, investigador principal de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano. “[Una guerra] requiere dos partes enfrentadas y eso es lo que todavía no hay en Siria”.
“No estamos ante una guerra civil”, coincide Eva Suárez-Llanos, directora adjunta de Amnistía Internacional España. “No estamos presenciando enfrentamientos armados, sino más bien una represión brutal por parte del Ejército de Al Asad, incluidos bombardeos brutales de zonas residenciales”.
Arteaga explica que la organización política de la oposición –el Consejo Nacional Sirio- y la militar –el autodenominado ‘Ejército Libre de Siria’- actúan por separado y están “poco articuladas”.
Sin embargo, este experto afirma que últimamente la oposición ha pasado de ejercer su autodefensa a atacar al Ejército en algunos casos, con sabotajes a infraestructuras incluidos.
Por ello matiza: “Todavía no tiene la forma de una guerra abierta, [pero sí] hay una tensión social y enfrentamientos que se han ido militarizando sobre todo en las últimas semanas. Ya hay una guerra en sus estadios iniciales, [aunque] no afecta a todo el territorio sirio”.
Amnistía Internacional ha solicitado repetidamente permiso para entrar en el país y no lo ha obtenido (al igual que numerosas ONG), recuerda su directora adjunta en España, por lo que la información de la que disponen es mínima.
“Los ataques son contra manifestaciones pacíficas en su inmensa mayoría”, defiende Suárez-Llanos. Aunque sí apunta a “informaciones de militares que defienden cada vez de forma más activa la oposición”.
Motivación diplomática
Rusia ha vetado la nueva resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, que exige el abandono del poder por parte de Bashar al Asad, diciendo que era parcial y significaba tomar partido en una guerra civil. Mientras tanto, los países favorables a la renuncia del mandatario sirio centran su discurso en la condena a la violencia del Ejército sirio.
“Ante los niveles insoportables de la represión llevada a cabo por el régimen sirio, la comunidad internacional debe exigir la protección de la población civil”,
manifestaba el ministerio de Asuntos Exteriores español en un
comunicado tras los bombardeos del pasado viernes. Tampoco empleaba la
palabra ‘guerra’.
“Todo el mundo anda con la calculadora ante el reconocimiento de una situación jurídica”, analiza Arteaga. “Pero no es un problema jurídico, sino político”.
Si admitieran que hay una guerra civil, a Rusia no le faltaría parte de razón. “Los trece [miembros del Consejo de Seguridad excepto China y Rusia] insisten en que hay una unilateralidad, lo que favorecería una actuación sobre la base de la responsabilidad de proteger a la población, [una doctrina del derecho internacional] en la línea de Libia”.
Para Sánchez-Llanos la resolución que se debatía el pasado fin de semana de todas formas era incompleta, porque no incluía un embargo de armas al régimen. La directora-adjunta de Amnistía Internacional cree que eso y un embargo sobre los bienes del equipo de Al Asad son los pasos que debe dar la ONU.
“Que haya una guerra [en marcha] o no, no es la decisión [que debe tomar Naciones Unidas], sino que debe actuar contra graves crímenes contra la humanidad”, apunta.
Defensa de los derechos humanos
Han muerto más de 5.400 personas en Siria desde que comenzaron los enfrentamientos el pasado marzo, según los datos oficiales de Naciones Unidas, aunque son unas cifras que no se han actualizado desde hace semanas.
Los enfrentamientos de los agentes y militares con manifestantes y opositores armados han acabado con la vida de más de 7.000 personas (incluidos más de 400 niños), según datos del 31 de enero del Centro de Documentación de Violaciones de Derechos Humanos sirio, una organización de referencia para la ONU.
“Cuando esa organización militar [de la oposición] se articule, pueda hablar por una parte de la población y goce de algún territorio desde el que puedan operar, podrán ser reconocidos de forma internacional”, apunta Arteaga.
En ese caso la internacionalización del conflicto estaría más cercana, según el analista. Entonces ya sí que no quedaría ningún género de dudas: Siria estaría en guerra, aunque ya no sería sólo civil.
“Se llame conflicto armado o de otra manera, [los ataques de Bashar al Asad] son graves crímenes contra la humanidad que hay que llevar de manera urgente ante el Tribunal Penal Internacional”, mantiene Eva Suárez-Llanos.
“Sería un mensaje muy claro al régimen [de que no se tolerarán los crímenes contra la humanidad]”.
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