Naturismo, sexo en público e intercambios de pareja son la tarjeta de presentación de Cap d’Adge, un pueblo turístico de la frontera sur de Francia que desde los años sesenta se ha caracterizado por ser uno de los principales destinos naturistas del mundo. Pero de un naturismo libertino, que poco tiene que ver con los complejos nudistas que existen en España.
Allí, más de 40.000 personas –entre ellas, cada vez más españoles– disfrutan cada verano de una forma de vivir liberal y alejada del tradicionalismo, que apuesta por la desnudez y el placer de las relaciones sexuales fuera de la pareja. Los swingers, como son denominadas estas parejas liberales en su forma anglosajona, entienden el deseo sexual de otra forma, un deseo que no solo es cosa de dos. interviú se dio un paseo por este curioso complejo, que puede dejar a más de un boquiabierto.
Unas puertas de acceso controlado hacen las veces de portones de entrada hacia el paraíso del pensamiento libertino. Si no tienes reserva en alguno de sus hoteles o camping, el acceso podrá ser únicamente diario, al precio de cinco euros por persona.
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