Bicicleta estática

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Viernes. Algunas cajas de ahorros se disponen a crear bancos malos antes de salir a Bolsa. Si lo hemos entendido bien, un banco malo es aquel en el que figuran los activos tóxicos del banco bueno. Por ejemplo, las deudas hipotecarias incobrables y los inmuebles expropiados a su cuenta. Me pregunto cómo se gestiona un banco malo. Quizá con un director perverso. Mientras me lo pregunto, repaso toda mi dentadura, pieza a pieza, con la punta de la lengua, que es muy sensible. Cuento mis dientes como otro contaría su dinero. Están todos, cada uno en su sitio, pero me parece que el espacio interdental ha aumentado un poco. Los cambios del cuerpo son insensibles, pero constantes. No hay día en el que no se produzca un deterioro, por pequeño que sea. Si el cuerpo pudiera crear un cuerpo malo (al modo de los bancos malos), para colocar en él todo lo que no le conviene (las grasas, los ardores de estómago, las migrañas, la miopía, la presbicia, la impotencia…), saldría un cuerpo gemelo, pero inverso, como el que le va a salir a Caja Madrid cuando dé a luz a su banco malo. ¿Qué parte de mi cerebro dirigía mi cuerpo malo? La parte migrañosa, desde luego. Me pregunto qué clase de artículos o de novelas escribiría con mi cuerpo malo. Quizá salieran de él textos desesperados, inclementes, suicidas… No me disgusta la idea. De hecho, uno debe escribir siempre con el lado malo de su cuerpo.

Sábado. Seguimos dándole vueltas al asunto Rumasa, que por lo visto se controlaba desde Holanda y un par de paraísos fiscales del Caribe. Es bastante normal que empresas que tomamos por españolas tengan sus sedes fuera. En la medida en la que todos y cada unos de nosotros estamos controlados por algo o alguien que no conocemos (por la Cosa, en definitiva), estaría bien saber dónde está la Cosa. ¿En algún paraíso fiscal? Sigo enganchado a Dexter, ese psicópata bueno. Resulta que su móvil suena de madrugada y alguien, al otro lado, le pregunta si está satisfecho con su compañía telefónica. La novia de Dexter se extraña.
—Pero si son las cuatro de la mañana –dice.
—No en India –responde el psicópata sentimental.
No en India. Resulta que cuando usted llama a un teléfono de información para preguntar algo acerca de su ciudad (Logroño, por ejemplo), su llamada es atendida por alguien de Nueva Delhi, o de Dublín. Usted cree que su interlocutor se encuentra a cuatro calles y no, está en el quinto pino. ¿Desde dónde nos manejan? ¿Desde dónde actúa la Cosa? Suponiendo que exista un inconsciente colectivo (y parece que sí), ¿cuál es su lugar de residencia?

Domingo. Hablo con mi hija australiana a través de Skype. Debido a su insistencia, he colocado una videocámara en mi ordenador, de modo que ahora, además de hablar, nos vemos. No me gusta, me inquieta, me desazona. Va vestida con una bata de andar por casa y lleva el pelo desarreglado. Aquí es mediodía y allí las diez de la noche del mismo domingo terrible (todos los son). Yo me he afeitado y me he aseado para ella. Veo, detrás de su rostro, una estantería con libros. Le pregunto qué clase de libros son y dice que novelas. Luego se oyen golpes en la puerta de la habitación y aparece en la pantalla mi nieto, de cuatro años, al que ya dije que le amputaron el dedo meñique de la mano izquierda debido a un accidente que tuvo en el parque. Mi hija se empeña en que el niño acerque el muñón a la cámara, “para que lo vea el abuelo”. El niño obedece y a mí se me parte el corazón. La conversación me deja hecho polvo.

Lunes. Como no puedo hacer un banco malo con mi cuerpo, decido cuidarme, así que me acerco a un gimnasio cercano y solicito información. Me enseñan las instalaciones, muy modernas, y me proporcionan un folleto donde figuran las diferentes modalidades de relación y sus precios. Aunque la chica es muy amable, me siento incómodo, como si hubiera llegado a un lugar que no me pertenece. Los gimnasios, desde muy joven, se encontraban una dimensión de la realidad muy alejada de la mía. También pienso en la posibilidad de comprar una bicicleta estática. Bicicleta estática, parece una contradicción en los términos, como banco malo.

Revista Interviu

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