Paris Hilton ha estado por aquí, y se ha solidarizado con los chicos de indignación de la acampada de la Puerta del Sol. Su solidaridad ha sido verbal, naturalmente, porque esta rubia solo acampa en los hoteles de oro y solo se indigna si el champán de la disco no está en su punto. Paris es criatura de botellón de champán, como Pippa Midletton, que estuvo en Madrid hace tres tardes, solo solidaria con el coro de pijos que traía de compañía. La alegre confesión de Paris Hilton nos acredita, por un lado, el tirón internacional de la acampada de los descontentos, a los que ya alude hasta ella, esa rubia de remate, cuya filosofía no pasa de coleccionar minifaldas. Y por otro lado nos recuerda que esta chica tiene su punto coincidente con los románticos contestatarios de la crisis, aunque ni lo sospeche, porque ella es también una parada, solo que una parada que no para. El caso es que ha dicho que está con ellos, pero se ha ido a la discoteca, a olvidar la crisis en limusina. Pero la crisis de otros, obviamente. Como la chica tiene un máster de cabecita loca y boquita pintada, se solidariza a su manera.
Podremos decir muchas cosas contra Paris Hilton, pero la chavala no cambia de estilo, eso sí. Ella es una chica escaparate, como aquí Tamara Falcó, o Carmen Lomana, o Ana Obregón, cada una a su manera. Todas son un poco o un mucho groupies de sí mismas. Paris es famosa de no dar palo al agua, y eso se le nota en que insiste a rachas en ser cantante y en el mucho tiempo que invierte en vestirse para salir luego desnuda a la fiesta, o casi desnuda. Ha tenido rato hasta para darles su apoyo a los comanches de la acampada, a los que Paris les debe sonar poco o nada. Estas rubias de alma se suelen solidarizar con todo, y enseguida sueltan que su deseo en la vida es que se acabe el hambre, como hacen las misses cuando les ponen la corona. Seguro que Paris quiere que se les acabe pronto el hambre de mejoras a los de la Puerta del Sol, pero ella se va a las puertas de la luna de las discotecas a hacer la reivindicación de su melena de hija de papá y también de mamá, que es como ser insoportable dos veces. Ella lucha por cambiar el mundo a su manera, que es no dejar nunca que el mundo la cambie, porque va forrada, y porque sí. Es una parada con mucha agenda y una tía que madruga mucho para ir al after de las juergas del mundo, muy puesta de harapos de marca y gafas con la ferretería de Porsche. En lo de Sol, en fin, como que no pega. Lo mismo ha acertado con no asomar por el sitio.
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Desde luego que su apotación no ha sido más que verbal y fugazmente presencial.
Ella es de otra escala social. Sus infinitas campañas de marketing viven del movimiento de masas.
Ella está en la cima de la pirámide.
Besos de Lulu