Perra vida

perra vida Perra vida

Sábado. He empezado a vigilarme por el placer de hacer algo nuevo, algo distinto. Me persigo como un detective perseguiría a un sospechoso y tomo notas sobre lo que hago o dejo de hacer. También sobre lo que pienso, pues puedo entrar dentro de mi cabeza. Lo primero que he comprobado es que soy un tipo escurridizo. Al menor descuido me doy esquinazo. O quizá no soy un buen perseguidor, es otra lectura. No me persigo todo el día, sería agotador, sino a ratos, por sorpresa. Ahora voy a seguirme, digo, a ver qué hago. El sospechoso, anoto mentalmente, está cortándose las uñas de los pies. Obtiene placer de ello. Le gusta sentir la resistencia del cortaúñas. Se asombra de que las uñas no duelan e intenta calcular los kilos de uñas que se ha cortado desde que naciera. Todo ese material orgánico, a dónde habrá ido. Entonces, sin darme cuenta, me pongo a pensar en las uñas en general, como si se tratara de una materia filosófica, y dejo de vigilarme, o sea, que me escapo. En mi colegio se decía que si le dabas a alguien un vaso de agua o leche con limadura de uñas, se volvía loco. Un día, le pusimos a un profesor, en el vaso de agua, una cantidad considerable de limaduras y no le afectó de momento, pero lo cierto es que a los dos años desapareció sin que nadie explicara por qué.

Domingo. Comienzo a leer un relato en el que una mujer guapa cuenta cómo la miran los hombres cuando entra en el metro, en el bar, en la oficina. Son miradas valorativas. Puede entrar en la cabeza de los hombres y ver lo que imaginan que harían con ella. La cabeza de los hombres deviene así en una especie de habitación. Siempre es la misma habitación, aunque las cabezas sean distintas. La narradora especifica con enorme detalle las posturas que los hombres la obligan a adoptar dentro de su cabeza cuando va en el autobús. Este asqueroso, dice, me está poniendo ahora mismo a cuatro patas, con los ojos vendados, para que no vea dónde se encuentra él. La minuciosidad con que describe las situaciones me desagrada y me excita a la vez. Me doy asco. Dejo el cuento a la mitad, es de una autora sueca, no recuerdo su nombre y no tengo ahora ganas de levantarme para verlo.
Por la tarde. Cojo un autobús aquí al lado, para hacer unas gestiones en la ciudad, y se sienta delante de mí una mujer muy guapa. Durante un instante su mirada y la mía se cruzan. Me acuerdo del relato sueco y cambio, no sin dolor, de asiento. Dentro de mi cabeza, como en una habitación secreta, comienzan a pasar cosas, que no quiero ver. Dios mío.

Lunes. Pese a la fecha, siguen naciendo moscas. Al ir a calentar un vaso de leche en el microondas, sorprendo en su interior a una de ellas. Instintivamente, cierro la puerta del aparato antes de que escape. Luego lo enciendo (un minuto a la máxima temperatura) y la mosca efectúa un par de circunvoluciones antes de estallar en el aire, ¡paf! Caliento la leche en el fuego.

Martes. Más asuntos de insectos. Esta mañana vi una mariposa en el muro. Por la tarde vinieron las nubes y hubo tormenta. Apagué la televisión, por miedo a los rayos, y cerré los ojos. En el duermevela, vi a la mariposa en el bosque. Estaba en una rama, soportando la tormenta. Vi sus ojos desprovistos de opinión, de miedo. Y tan frágil. ¿Dónde pasan la noche las mariposas?

Miércoles. Al revisar mi carpeta de recortes de prensa, tropiezo con una noticia de hace unos días según la cual en un pueblo de Cantabria han robado 50 metros de carretera. No he seguido la pista a la noticia, de modo que ignoro en qué acabó, pero seguro que tuvo un final decepcionante. Todos lo son. Dudo si arrojar el recorte a la papelera o guardarlo, para que se cueza un poco más, a ver si saco algo de él. Lo guardo.

Jueves. Nada. Y cuando digo nada, digo nada. Puro vacío. Yo.

Viernes. Voy al cine a ver Inside Job, un documental perteneciente al género del terror. Resulta que los que provocaron el desastre son, uno por uno, con nombres y apellidos, los mismos que nos están sacando de él. Cobraron por la destrucción y ahora están cobrando por la reconstrucción. Perra vida. ¿Es o no es para regresar al interior de mi cabeza?

Revista Interviu

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