Prohibamos a Serena Williams

prohibamos a serena williams Prohibamos a Serena Williams

Mientras escribo, hay mucho trueno de polémica porque Serena Williams sale “demasiado sexy” en un juego de ordenador. Se apunta, incluso, que los autores de esas imágenes no las encontraban afinadas, o definitivas, y que ellos mismos han retirado el invento de la circulación. Esto viene a darnos un poco o un mucho igual. Importa más que la sociedad norteamericana censura las imágenes, por machistas, y que Serena es siempre un morbo, se ponga como se ponga. He logrado ver el vídeo, que es un mechado de gemidos de esfuerzo con un par de planos memorables del culo de la Williams. Nada que no hayamos visto antes, cuando Serena juega al tenis. Nada que no hayamos visto antes en otras jugadoras del gremio, desde Maria Sharapova, o Ana Ivanovic, a la española Nuria Llagostera, que son todas un catálogo de guapas internacionales, entre sexis y muy sexis. Lo de demasiado sexy no sabemos bien qué cosa es, pero ya nos gustaría. La sociedad norteamericana hace mucho porno malo, pero ve poco el tenis bueno. Entre una cosa y la otra pone el grito en el cielo de la censura porque el culo de Serena es mucho culo, y en eso sí estamos de acuerdo. Como que en el vídeo le parece a uno que ese culo de museo está desaprovechado, porque sale solo un par de veces, en fugacidad de relámpago. Serena es la Beyoncé de la raqueta, y la comparación no es recurso de urgencia, porque a Beyoncé también le han censurado algún anuncio reciente, pretextando que es “demasiado sexy”, que es un modo de decir que tiene un culo a prohibir, pero sin decirlo. Hay que censurar a Serena, y a Beyoncé, coño, y a Halle Berry o Charlize Theron, porque en cuanto van y se ponen a hacer algún anuncio resulta que están buenísimas.

Al tenis femenino hemos llegado muchos por desliz de erotómanos, pero eso no se dice, o se dice poco. Serena y otras salen a jugar con minifalda de ala, y eso no es bueno para los mirones que somos todos o casi todos, en el fondo. Hay que joderse. Apunto esto porque también alguna vez han requerido mayor recato indumentario a estas tenistas, que ya casi no van teniendo otro remedio que ser feas o jugar en chándal. Arantxa Sánchez Vicario vino un día a resolver estas bobadas de los censores de las tenistas ligeras, fuera o dentro de las canchas: “Las de ahora es que son todas muy guapas”. Habría que recomendarles a los vigías de la moral ajena aquello de lord Byron, que seguro que le pillaría su punto al tenis, en general, y a Serena, en particular: “El amor es un apetito de belleza”. Pues eso. Enamorados vamos. No nos veden el deleite. La afición. Y que gane la mejor.

Revista Interviu

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